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Espartaco

Escuchemos la fascinante historia de Espartaco, esclavo de la región de Tracia que obtuvo su propia libertad revelándose contra el Imperio Romano, acompañado de sus compañeros gladiadores, y dirigiéndolos en una guerra que hizo tambalearse a la misma Roma. A través de la melodiosa voz de Juan Antonio Cebrian y de su maravilloso Pasaje de la Historia, nos adentramos en la vida de este personaje, que ha llegado hasta nuestros días. Disfrutemos del relato de su vida.

Podcast sobre Espartaco

  • Duración: 23 minutos, 28 segundos
  • Tertulianos: Juan Antonio Cebrián
  • Sitios nombrados: Italia, Roma, Tracia, Capua, Sicilia, Escuela de Léntulo, Vesubio, Galias, Brindisi, Calabria, Apulia, Silaro (Ver mapa de ubicaciones más abajo)
  • Personajes: Espartaco, Sila, Julio César, Craso, Pompeyo, Lúculo, Anibal, Rodopea (hermana), Enemao (lugarteniente), Grifo (lugarteniente), Claudio (Pretor), Stanley Kubrick, Kirk Douglas
  • Época: Siglo I a.c. (previo a la Roma Imperial)
  • Conceptos nombrados en el podcast: esclavos, libertad, gladiadores, legiones, Circo romano, tracios, espartácidas, legionario, germanos, galos, celtas, helenos, hispanos, infamix, ludi, rodela, espada corta, cohorte, piratas

Libros sobre Espartaco

Mapa de ubicaciones sobre Espartaco

Transcripción del Podcast de Espartaco (para personas con problemas auditivos)

En el siglo I a.C. la Roma republicana reivindicaba su papel en la Historia, su lugar en el mundo. Las legiones bien organizadas, perfectamente pertrechadas, cubrían buena parte de la geografía conocida. Eran momentos de gloria, momentos previos a la época Imperial. Todavía sonaban los ecos de la dictadura de Sila, de aquel que estuvo a punto de asesinar al propio, al mismísimo Julio César, guerras civiles, desencuentros, contiendas, y sobre todo, una potencia emergente sustentada por la mano de obra barata, la mercancía humana, los esclavos. Tiempos de pan y circo, tiempos donde los gladiadores por centenares, por miles, se batían en la arena del circo.

 

Es una época sugerente, es una época vital, fundamental para entender la cultura europea. Bueno será que nos adentremos en los pormenores de aquella etapa, sobre todo en la peripecia de un gran gladiador, un rebelde, un icono de la libertad, su nombre Espartaco.

 

La historia de Espartaco está cubierta por la leyenda, casi por entero. Son muy pocos los datos fidedignos que tenemos acerca de este héroe de la libertad. Pero hoy en los Pasajes de la Historia nos proponemos contarlos. Espartaco se supone, dice la Historia, cuenta la leyenda, que era de linaje regio. Provenía de la región de la Tracia. Los tracios eran duros guerreros, y allí, un linaje dominó, durante mucho tiempo, los espartácidas. De ahí tomaría el nombre el legendario héroe, Espartaco.

 

Pero la Tracia fue dominada por Roma, y muchos tracios tuvieron que luchar como tropa auxiliar de las tropas romanas en sus guerras fronterizas. Y aquí nos encontramos a Espartaco, nacido aproximadamente hacia el 113 a.c., siendo ya muy joven se alista como legionario y lucha en esas guerras que se libraban contra los germanos, contra los galos, los celtas…

 

Son tiempos duros, donde la vida apenas vale nada, donde los esclavos por miles, por cientos de miles, llegan a raudales a Roma, para levantarla, para fortalecerla, Roma, la eterna ciudad, la eterna capital del mundo. En esos tiempos de confusión aparece la figura de Espartaco.

 

Los esclavos se rebelaban constantemente, escapaban, huían, luchaban contra sus opresores, contra sus dueños, sus supuestos dueños. Ya en Sicilia, tierra libertaria por excelencia, los esclavos habían protagonizado muchos motines, siempre sofocados. Una primera gran guerra acabó con miles de esclavos muertos sobre los campos de batalla, y Espartaco aparece para la Historia en ese año 73, en el 73 a.c. Antes, previamente, Espartaco había desertado de la legión, había desertado, era un traidor, lo que los romanos llamaban traidor como un “infamix”. Los infames eran la escoria de la escoria. Pertenecían al mismo grupo las prostitutas, los actores y actrices y los gladiadores.

 

El primer destino, porque Espartaco tras desertar fue atrapado, fue capturado, posiblemente los únicos factores que impidieron su ejecución sumarísima fueron que a lo mejor provenía de ese linaje real de los espartácidas, y que también era un hercúleo guerrero. Era un enorme, un impresionante guerrero, alto y bien proporcionado, fiero en la mirada, luchador en su sangre. Su primer destino fue una mina, y en esa mina trabajó y en esa mina se acabó por rebelar, se volvió a rebelar contra el poder. Los romanos optaron ya por la decisión final, destinarle a la lucha de gladiadores. Espartaco iba a morir en las arenas del circo para sonrisa, para goce, para disfrute de los romanos.

 

En ese tiempo ya os digo que eran miles los gladiadores que morían, era la gran diversión de Roma, por doquier afloraban los circos, donde luchaban por parejas, diferentes armas, armaduras, diferentes métodos. Pero en ese siglo I a.c. empezaron también a aparecer las grandes escuelas de entrenamiento, y un lugar célebre por sus escuelas de entrenamiento, sus ludi, así se llamaban, era Capua. Capua ya se había hecho famosa en tiempos anteriores por Anibal. Anibal había pasado algunos años, algún tiempo, algunos meses en Capua. Se hablaba de los placeres hedonistas de Capua. Pues allí, en una escuela, en la escuela de Lentulo, pues había un buen número de gladiadores, provenientes de diferentes áreas sociales. Por un lado los prisioneros, los de guerra, cautivos, combatientes que iban a luchar a las arenas de los circos. Por otra lado los cautivos y convictos, condenados que en lugar de ser ejecutados, esperaban su oportunidad en la arena de esos circos para luchar, morir, vencer, seguir durante un día más, combatir durante un día más. Por otra lado un grupo de hombres libres, de escasa fortuna, de patrimonio mermado, que pretendían al ser gladiadores pretendían reivindicarse, redimirse como ciudadanos libres, conseguir fortuna. No olvidemos que un gladiador, por combate, podía obtener en un sólo combate tres veces el sueldo de un ciudadano medio de Roma en un año. Un buen gladiador multiplicaba esa cantidad por cuatro. Por tanto, muchos ciudadanos libres se alistaban, se apuntaban para ser gladiadores, por si acaso tocaba el cuerno de la fortuna.

Capua, lugar donde se entrenaban los gladiadores, y donde Espartaco se convirtió en uno.

Pero el caso de Espartaco era distinto, era un convicto, era un condenado, condenado a morir. Los gladiadores se ejercitaban durante meses, se invertía muchísimo dinero en ellos. Ya os digo que había muchas clases de gladiadores, procuraban separarles después de las primeras guerras de esclavos, separarles en estas escuelas para que no se entendieran, las lenguas eran diversas, muy variadas, y en esos primeros grupos, llamados familia, pues se establecían amistades tremendas, amistades eternas. Los gladiadores hacían también aliados, la poca fortuna que tenían era que precisamente sus amigos posiblemente serían también sus ejecutores. Pero aún así, Espartaco se empieza a entrenar como gladiador y enseguida da muestras de fiereza, muestras de ser un guerrero de primer nivel. Es tracio, en consecuencia lucha como los tracios, una rodela y una espada corta. Eso le permitía muchísima agilidad. Espartaco destaca como gladiador, pero no quiere acabar su vida en las arenas de los circos. No quiere servir de carnaza patibularia para los ciudadanos de Roma o de otra ciudad. Espartaco se quiere rebelar.

 

La imagen que ofrecían las escuelas de entrenamiento, las ludi, era muy colorista, en sus arenas, en sus campos de entrenamiento, podía haber gladiadores de todas las procedencias, había asiáticos, helenos, germanos, celtas, los propios romanos, hispanos, había gente de todo el mundo, de todo el mundo conocido. Espartaco era tracio. Nos encontramos en el verano del año 73 a.c., un grupo de gladiadores está entrenando, se les está preparando para ir a Roma. En ese viaje a Roma, donde tienen que entrar en contacto con la ciudad, Espartaco contempla horrorizado una escena, aquí entramos en la leyenda. Contempla por las calles de Roma a una muchacha, una muchacha desarrapada, una muchacha que él en seguida identifica como su hermana, su hermana Rodopea, su perdida hermana Rodopea, no sabía nada de ella hacía años. Habla con ella, le cuenta su historia. Rodopea es esclava y además prostituta, la han convertido en prostituta, es escoria de la escoria, es infamix. Espartaco se rebela ante esto, su rabia crece por dentro, no soporta más la condición de esclavo, va a proclamar un levantamiento, va a proclamar su rebeldía, se pone de acuerdo con unos amigos, se pone de acuerdo con un grupo selecto de gladiadores, los mejores, y con 200 inicia la revuelta. Con presteza los guardias de la ludi son reducidos, muertos, masacrados, 74 gladiadores logran escapar, al frente de ellos Espartaco.

 

Por fin son libres, un grito recorre toda la ludi. Los que pueden escapan como pueden, alguno de caballo, corriendo, con pocas armas, con escaso alimento, pero lo consigue. Le acompañan guerreros germanos, guerreros celtas, guerreros galos, guerreros hispanos, helenos, ha comenzado la sublevación de esclavos, la más importante que había sufrido Roma. Dos lugartenientes van con él, son celtas, y su aspecto así lo dice. Enemao y Grifo. Le acompañan, y se internan por los recónditos parajes del Vesubio, del volcán por entonces dormido. Son unos 74. ¿Qué podrán hacer?, ¿qué enviará Roma contra ellos? consiguen interceptar un cargamento de armas. Aquellos 74 ya están armados. Y van a dar mucha guerra, van a oponer mucha resistencia. Pero además, reciben gozosos una noticia, cientos de esclavos de la comarca, saben, son conocedores de lo ocurrido en la ludi de Capua y se han escapado de las haciendas, de las propiedades, se han escapado de la esclavitud y se unen a ellos. Aquel grupo de 74 se convierte en un grupo de 1.000, más tarde 10.000, cada vez son más. El grito de libertad recorre toda la campiña itálica. Roma envía seis cohortes contra aquel grupo de esclavos y el combate se produce.

 

Espartaco, su linaje regio así lo atestiguaba, era un gran guerrero pero también un gran estratega. Y organiza una guerrilla como jamás se había visto hasta entonces. La propia Roma iba a temblar. Aquel primer pretor, Claudio, sufrió en sus carnes todo el saber, toda la rabia, todo el odio vengativo de Espartaco y los suyos. Los esclavos eran libres y luchaban como tales. Aquellos guerreros indómitos destrozaron literalmente las seis cohortes, acabaron con ellas, pero Roma siguió enviando tropas. En esta ocasión eran dos legiones, casi 10.000 hombres, casi 10.000 hombres que se iban a enfrentar a los 10.000 esclavos ya libertos de Espartaco. Y Espartaco vuelve a vencer. Comienza a ser una pesadilla, comienza a ser algo más que un peligro. Roma se siente amenazada, angustiada. Uno tras otro, los ejércitos romanos son vencidos, son destrozados. Espartaco actúa como un gran líder militar, como un gran comandante militar. Los hombres le siguen como uno solo. Se escapan de todas las propiedades de Italia, todos quieren ir a estar luchando con Espartaco, quieren luchar a su lado, morir a su lado. Aquel primer grupo de 74 se convierte en un inmenso ejército de casi 100.000 hombres, ¡100.000 hombres! 100.000 guerreros que campan a sus anchas por todo el sur de la bota italiana. Suben al norte porque el propósito de Espartaco es uno, no quiere nada con Roma, no quiere conquistar Roma, no quiere vencerla, quiere simplemente pasar a las galias y perderse, fundirse con el paisaje europeo, de olvido, sólo quiere ser libre, sólo quiere libertad.

 

Sin embargo, sus hombres, poco disciplinados, muy desorganizados, no le quieren seguir en ese sentido y lo que quieren es acabar con Roma, devolver el golpe, han sufrido demasiado, han visto morir a miles de compañeros, quieren devolver ese golpe, quieren acabar con Roma, quieren reducirla a cenizas. Durante meses, Espartaco y los suyos son invencibles. Muy a su pesar, no logra su objetivo inicial de pasar al norte de Europa sino que se tiene que quedar por la península italiana. Y empieza a merodear los territorios de Roma, de la propia ciudad de Roma, ¿qué ocurrirá? pues ocurre lo inevitable en cualquier ejército irregular, carente de disciplina, carente de ideales que no sean otros que la libertad. Los grupos empiezan a desorganizarse, empiezan a disgregarse, los germanos se desentienden de Espartaco, y se van. Hacen la guerra por su cuenta. Piensan que Espartaco es demasiado flojito en esos momentos. Los galos también se van. Son vencidos por separado. Aquel inmenso ejército empieza a convertirse en una suerte, una multitud de bandas desorganizadas, que arrasan cualquier hacienda de ricos, cualquier propiedad, algunas ciudades caen bajo su poder, bajo su dominio. Pero Espartaco sabe que tarde o temprano les van a asestar un duro golpe. Que aquel ejército regular no puede enfrentarse a las todopoderosas legiones romanas.

 

Aún y así, en Roma siguen atemorizados. Espartaco concibe otra idea. Si no podemos escapara por el norte, ¿por qué no intentarlo en el sur? Contactan con los piratas, los únicos capaces de proveerlos de naves, naves suficientemente capaces de llevarles hasta Sicilia, un territorio donde se podrían organizar, crear una especie de estado, una especie de país libre. Los piratas en principio acceden, aquellos piratas iban a darles naves, naves para llevarles a Sicilia, pero los romanos habían hecho de las suyas, habían sobornado a esos piratas y pronto Espartaco se vería encerrado, una auténtica ratonera, una auténtica trampa, Las tropas de esclavos, las tropas de Espartaco, llegan a Brindisi, y en Brindisi se encuentran con la nada, no hay naves, no hay piratas, nadie les va a llevar a Sicilia, están vendidos, están a merced de los romanos, ¿qué ocurrirá?, ¿de qué lado caerá la suerte?

 

En Roma habían pensado en Craso, en Marco Litinio Craso, el hombre más poderoso, el hombre más rico de Roma. En él delegaron para que acabara con la amenaza de Espartaco. En él y en algunos poderosos generales, como el caso de Pompeyo, que había venido de vencer en España, o Lúculo, otro inmenso general. Se reunen 8 legiones, 8 legiones al completo, estamos hablando de casi 40.000 efectivos, 40.000 hombres bien entrenados, muy disciplinados y sabedores que en ellos Roma había depositado todas sus esperanzas. Las ocho legiones marchan hacia el sur. Ahí esperan los hombres de Espartaco. En ese momento son unos 60.000. Como os digo, habían sufrido algunas pérdidas, algunas disgregaciones, algunas rebeldías internas, pero aún así seguían siendo una fuerza combativa, más de sesenta mil hombres, 60.000 esclavos libres ya por fin libres contra los cuarenta mil legionarios romanos.

Espartaco, hombres libres

Nos encontramos en Calabria, allí se han acantonado las tropas de Espartaco, se está preparando el combate final. Espartaco ha decidido presentar una batalla generalizada. Es el ahora o nunca, es vencer o morir. En Apulia, cerca del río Silario, Espartaco presenta batalla. Craso, Pompeyo y Lúculo ofrecen una línea de frente, una línea de guerra como jamás se había visto. La primera legión que se enfrenta a los hombres de Espartaco pierde, pierde la iniciativa y es desarmada. Es una gran victoria para sus hombres, para sus tropas. Pero desgraciadamente no seguiría esa constante. Al final, las legiones avanzan como una sola, y caen sobre los esclavos. Una terrible batalla. Los bien organizados legionarios combaten con absoluta determinación. El heroísmo de los esclavos no es suficiente para frenar la armas, el ímpetu de los romanos. Durante horas caen los combatientes, de uno y de otro lado, nadie quiere ceder, todos saben que se están jugando el todo y la nada. Pero por desgracia, la disciplina no era la principal virtud de los hombres de Espartaco. Pronto empiezan a ser cribados, masacrados, al final de la jornada sesenta mil hombres de Espartaco yacen muertos sobre el campo de batalla. Han muerto casi todos. Aún queda un grupo, un grupo de prisioneros. Craso está muy feliz. Pompeyo y Lúculo se frotan las manos, serán los hombres más poderosos de Roma, los más famosos, han vencido la rebelión de los esclavos, han ganado una segunda guerra, pero, ¿habrá caído Espartaco?, ¿habrá muerto entre los suyos?, ¿estará en el grupo de prisioneros?. Craso toma una decisión, una decisión que pasará a la Historia, todos los prisioneros serán crucificados, desde Capua, donde se inicia la revuelta, hasta Roma. 6.000 hombres, 6.000 hombres fueron crucificados, uno tras otro. Nunca sabremos bien si fueron crucificados los prisioneros vivos o ya incluso se crucificaron muertos para completar la vía, para completar el camino. Sí que ha pasado a la leyenda una frase de Espartaco, una frase que le define como hombre, como ser humano, como gran símbolo de la libertad, dicen que Espartaco comentó antes de ser capturado o muerto “Volveré, y seremos millones”. Era el grito de libertad de los esclavos, era el grito de hombres que no se resistían a ser masacrados o ser pasto de las arenas de los circos, a ser humillados por los ricos, por los poderosos, por los vencedores, porque al fin y al cabo la historia siempre la escriben los vencedores. Espartaco dijo eso “Volveré y seremos millones”.
Fue la primera gran revolución social, la primera vez que los hombres se organizaron para oponerse al invasor, para oponerse al opresor. Espartaco murió sobre el campo de batalla o sobre la cruz, pero lo cierto es que su leyenda, su personalidad, su imagen y lo que quiso hacer, perduró por siempre. Los siglos hablaron de él, de él y de aquellos irreductibles que se negaron a seguir siendo humillados. Los 60.000 esclavos que murieron en aquella batalla, merecen con todos los honores, un sitio en la Historia. En la película de Stanley Kubrick, aquella película del año 1960, vemos la imagen de Kirk Douglas dando un paso al frente y a la pregunta de Craso diciendo “¿Quién es Espartaco?” vemos como el propio dice “Yo soy Espartaco” y en ese momento la lealtad, el amor a la causa, y sobre todo, saber que ese momento era único en la Historia, provocó según la leyenda que todos los hombres prisioneros en ese momento, en lugar de intentar salvar sus vidas, dijeran, gritaran, “Yo soy Espartaco” y así 6.000 gargantas. Un gesto sin precedentes, un gesto único en la Historia, el príncipe Espartaco, auténtico príncipe de la libertad. En esa primavera del año 71 a.c. terminaba su historia, tenía poco más de 40 años, aunque ese gesto quiso que desde entonces se convirtiera en un auténtico inmortal. Nuestro homenaje, nuestro respeto para él y para todos los que como él lucharon y creyeron en la libertad. La Rosa de los Vientos, con Juan Antonio Cebrián.

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