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Julio César

Podcast sobre la interesantísima vida de Julio César, emperador romano que marcó un antes y un después en la historia de Roma. A través de la melodiosa voz de Juan Antonio Cebrian y de su maravilloso Pasaje de la Historia, nos adentramos en la vida de este personaje, que ha llegado hasta nuestros días. Disfrutemos del relato de su vida.

Podcast sobre Espartaco

  • Duración: 32 minutos, 49 segundos
  • Tertulianos: Juan Antonio Cebrián
  • Sitios nombrados: Roma, Galias, Alesia, Rodas, Hispania, Britania, Galia franca, Helvetia, Río Rubicón, Monda (Montilla, Córdoba) (Ver mapa de ubicaciones más abajo)
  • Personajes: Cayo Julio César, Mario, Sila, Craso, Pompeyo, Augusto, Quintilio, Aurelia (madre), Cornelia (esposa), Alejandro Magno, Vercingetorix, Cleopatra, Ptolomeo Duodécimo, Pompeya (esposa segunda), Ptolomeo César (hijo)
  • Época: Siglo I a.c. (previo a la Roma Imperial)
  • Conceptos nombrados en el podcast: Legiones romanas, Imperio romano, diosa Venus, mes de Quintilio, mes de Julio, teutones, centuria, centurión, manípulo, cohorte, legión, espada corta, gladio hispaliensis, galos, Corona Cívica, Senado romano, piratas, talentos de plata, cuestor, pretor, Sumo Pontífice de Roma, ingeniería militar

Libros sobre Julio César

Mapa de ubicaciones sobre Julio César

Transcripción del Podcast de Julio César (para personas con problemas auditivos)

A lo largo de la historia de la Humanidad ha habido personajes claves, personajes que han marcado de una manera o de otra la historia, los designios de una civilización, y desde luego la historia de Roma es una historia apasionante.

 

Hace XXI siglos, en el siglo I a.c. hubo una suerte de personas que propiciaron la llegada del Imperio Romano, hablemos de Mario, el gran cónsul Mario, aquel que creó de forma profesional las legiones romanas, hablemos de Sila, el dictador, aquel que consiguió con las legiones tomar al asalto el poder por primera vez en la historia de Roma, hablamos de Craso, hablamos de Pompeyo, hablamos de Augusto, pero sobretodo hablamos del gran arquitecto del Imperio Romano, hablamos de Cayo Julio César, y esta noche es su noche, nuestros Pasajes de la Historia van dedicados a él y a uno de los puntos álgidos de su gran campaña, la de las Galias, el asalto a la ciudad fortificada de Alesia.

 

Bueno será situar en el contexto de la historia a nuestro personaje, Cayo Julio César. Según su árbol genealógico según decía su familia venía nada más y nada menos que de la descendencia de la diosa Venus, y viendo al personaje todo hace ver que bien pudiera ser cierto. Cayo Julio César era un hombre pequeño pero guapo, bien parecido, aunque siempre renegó de su incipiente calvicie, de su pronta calvicie, pero tenía la piel tersa y suave, siempre padeció de jaquecas, de ataques de epilepsia, pero desde luego fue una de las mentes más lúcidas de todo el mundo romano.

 

Nació el 13 del mes de Quintilio. Posteriormente sería conocido como el mes de Julio, porque el mismo se puso un mes, gracias a la ayuda de grandes astrónomos egipcios creó un calendario. Pues el 13 de Julio del año 100 a.c., vamos a utilizar nuestra propia cronología, nacía Julio César, en el seno de una familia de la baja aristocracia romana, una familia venida a menos, pero con orgullo. No en vano, era sobrino de Mario, Mario un gran cónsul, el hombre más fuerte de Roma, aquel que sometió a los teutones. Dicen que causó una gran mortandad entre estos, y la tribu de los cimbrios, más de 800.000 muertos provocó Mario. Mario fue el primero que entendió que la legión era el arma perfecta, que era el brazo armado de Roma, y en consecuencia creó unas legiones muy profesionales de las que tenemos que hablar un poquito.

 

Antes de entrar en nuestra historia hablemos de la legión romana, los soldados más perfectos de su tiempo, grandes profesionales, sobretodo después de Mario. Daremos las cifras oficiales, aunque en base a según qué campaña el número de legionarios aumentaba de una manera o de otra. La base principal de la legión era la centuria, 80 hombres y al frente de ellos un centurión, 2 centurias formaban un manípulo, y 3 manípulos una cohorte, por tanto esa cohorte tenía unos 480 hombres, entre 480 y 500 hombres, diez cohortes formaban una legión, en torno a los 5.000 hombres, una unidad absolutamente de élite, una entidad de guerra autónoma, máquinas auténticamente de matar. El número de legionarios, como bien os he dicho, podía aumentar o disminuir según la campaña, según fuera la campaña. En la campaña de las Galias Julio César mandaba unas diez legiones.

 

Composición Legión de Julio César

 

La verdad es que Roma debía combatir en todas sus fronteras con muy pocos efectivos, por tanto había algún general que decía que Roma le debía más a la herramienta, al instrumento que tenía el legionario para cavar trincheras, que a la espada, esa gladio hispaliensis, esa espada corta española, y es cierto, en la situación bélica de Alesia, observamos como un gran ingeniero militar como era Cayo Julio César, al mando de los mejores ingenieros militares de la época, gracias a ese atrincheramiento, gracias a esa situación de dominio del terreno, consiguieron vencer a un número de galos 5 veces superior al de ellos; entraremos en esa historia posteriormente.

 

Pero aquí tenemos al jovencito Julio César, correteando por las calles de Roma, una infancia feliz, bien arropado por su familia, y sobretodo por su madre Aurelia. Aurelia, que jugaría un papel fundamental en la crianza, en la educación, en su rescate. Y se casó bien joven, Cornelia era la elegida, familiar directa de Sila. Con 16 años se casó. Pero en el 82 a.c. ocurre un hecho fundamental, a la muerte de Mario, Sila, el dictador Sila llega desde Oriente con sus legiones, con sus tropas, y toma Roma al asalto, el primer romano que utilizó las armas para llegar al poder, y Sila se muestra celoso de sus enemigos, como era la costumbre en la época, y anuncia un listado, un listado de enemigos condenados a muerte. Parece que César no goza del entusiasmo de Sila. Sila lo primero que hace es ordenarle que se separe de Cornelia, llegan los mensajeros de Sila, y le anuncian a César cual puede ser su incierto futuro, y aquí César, con tan sólo 18 años, nos entrega una de sus frases célebres, una de sus frases más célebres:

 

“En César sólo manda César”

 

A uña de caballo debe huir de Roma, se alberga, se refugia en los bosques, la gente le acoge, la gente le cuida y le protege, empiezan a ver en él, en aquel que se ha opuesto nada y más y nada menos que al poder máximo de Roma, a Sila, empiezan a ver a todo un líder. Los amigos de César, los amigos de la familia de César, propician el perdón para este, y él se alista como legionario, con 19 años marcha a las legiones, marcha hacia Oriente, y allí se distingue como gran soldado, consigue el asalto a una ciudad la Corona Cívica, la máxima distinción que se le podía entregar a un legionario, su valor era tal que por méritos propios consigue esa corona, y todo aquel que consiguiera la Corona Cívica merece estar en el Senado de Roma.

 

Permanece en las legiones hasta los 22 años. En el año 78 a.c. regresa a Roma. Tiene un incidente curioso; él había ido a Rodas a estudiar retórica, cuando regresa a Roma es capturado por unos piratas griegos, los piratas piensan que es alguien menor, de poca importancia. El jefe de los piratas se le queda mirando y dice “¿Qué puedo sacar por este pequeñajo?”. César se revuelve con ojos insolentes y dice “¿Cuánto pensabas sacar por mí?”, el pirata le dice “No creo ni siquiera que pueda sacar 20 talentos de plata” y Julio le dice “Deberás pedir por mí 50 talentos de plata, se pagaría esto y mucho más”. Los piratas se ríen, pero sin embargo acceden, y mandan a los esclavos par que pidan esos 50 talentos de plata, eso si, el jefe de los piratas le dice “Como no consiga estos 50 talentos te crucificaré”. Mientras César espera en la isla de los piratas junto a un esclavo, los piratas están muy contentos, muy alborozados por ese joven que les insulta, que les increpa, que les llama paletos, pero Aurelia, su madre, consigue el rescate y cuando llegan los 50 talentos de plata, Julio César es liberado, pero al mismo de ser liberado mira el jefe de los piratas y le dice

“Volveré a por ti y te ahorcaré”.

 

Llega a Italia, y consigue convencer a unos armadores, alquila una flota, y enfila proa hacia la isla de los piratas. Rápidamente les vence, y cumple su promesa, empezaba a gestarse la leyenda de un hombre, y no tenía más de 25 años.

 

Y empieza una fulgurante carrera, eso si, llena de sobornos, llena de traiciones, llena de embustes y mentiras. Julio era un gran político, y su dinero le costaba, muchos decían que estaba empeñando un triste futuro por un corto presente, ¿qué pasaría, qué ocurriría?, era un momento incierto para Roma, guerras intestinas, crueldades, deserciones, pero seguía prosperando, había que luchar en la Hispania, y Cayo Julio César marcha a la Hispania, cuestor, pretor, diferentes cargos para él, aquí le tenemos con 31 años, año 69 a.c. En Hispania contempla una imagen de Alejandro Magno, Alejandro Magno, aquel que con 32 años había conquistado todo el mundo conocido; Julio César dicen que muerto de envidia hincó su rodilla ante Alejandro y lloró su triste desgracia, tenía la misma edad pero él no había conseguido nada, otro de sus momentos cumbres.

 

Después de someter a las tribus celtíberas, después de poner en práctica una de sus artes militares más favoritas, la de los desembarcos anfibios, también la pondría en marcha en la Britania, por fin vuelve a Roma. Año 63 a.c., después de una larga lista de sobornos, sobornos y traiciones, que sería muy prolijo contar aquí, con 37 años consigue ser Sumo Pontífice de Roma. Los enemigos acechan, y le dice a su madre “Hoy moriré ahí o me verás vestido como un personaje grande de Roma”; fue esto segundo, la madre estaba muy muy orgullosa.

 

Y así llegamos al año 60, después de Mario y de Sila, había que asumir nuevos retos en el mando, y llega el momento de unirse tres grandes hombres, por un lado Craso, el hombre más rico de Roma, Pompeyo, su general, y Julio César, y forman el primer triunvirato, la coalición de los tres hombres más importantes de la ciudad. César es nombrado gobernador de la Galia franca, de la Galia romana, y hasta allí dirige sus pasos.

 

Año 58 a.c., comienza la campaña más épica y más célebre para él, una campaña que duraría 7 años, la campaña de las Galias. Se pone al frente de 10 legiones, pero tiene que buscar una excusa para darle más expansión y más gloria al Imperio Romano, todavía no era Imperio, pero en la cabeza de Julio sí empezaba a serlo. Hasta entonces Roma había dominado las riberas del Mediterráneo, pero llegaban como os había dicho nuevos retos, había que empezar a profundizar en el centro de Europa. Ya se había conseguido vencer a los germanos, a las tribus bárbaras, pero sólo con el pretexto de mantener las fronteras, llegaba el momento de la máxima expansión, ese año 58 marca uno de los puntos álgidos. Con el pretexto de someter a los helvetios, a los suizos, Julio inicia la campaña. Los de la helvetia caen, prácticamente son exterminados, y no se para ahí, y sigue avanzando, llega el momento de enfrentarse a nuevas tribus germanas, también a los belgas, donde a punto está de caer en una emboscada, es sometido a una presión tremenda por parte de los belgas. Bien es cierto que en esos tiempos todavía no era el excelente general que hoy conocemos, y cometía muchos errores, pero estaba muy muy determinado a la victoria, confiaba muchísimo en él mismo, en él y en sus extraordinarias legiones.

 

En sus comentarios sobre las crónicas de las Galias dijo que en las Galias había ganado por los pies, por los pies, si, el legionario romano era una auténtica máquina de matar, llevaba una carga de 30 kilos, con sus pilum, pilum pesados y ligeros, sus espadas, pero también acarreaban todas las viandas posibles. Los legionarios podían aguantar largas marchas de 50 kilómetros, diríase que eran auténticos autómatas en el arte de la guerra, sabían perfectamente cuáles eran sus movimientos, cómo debían actuar en el campo de batalla.

 

La disposición de una legión romana en el campo de batalla era espléndida, una legión alineada venía a ocupar unos 290 metros, 290 metros de soldados hombro con hombro, mientras que los bárbaros, las tribus, siempre su actuación era muy irregular, no estaban acostumbrados a tácticas ni estrategias, siempre lo basaban todo en la lucha frontal, la embestida frontal. Julio César dominaba el arte de la guerra, sabía que debía estar en el momento justo, en el momento preciso, y así ganaba victorias, así ganaba batallas. Contaba con un ejército bastante pequeño, comparado con lo que se tenía que enfrentar. Manejaba una tropa de unos 50.000 legionarios, pero a lo largo de toda la campaña de las Galias, se enfrentó a más de 3 millones de hombres armados, 3.000.000 de hombres, de los que hizo presa un millón de ellos, sometió entre prisioneros y esclavos a 1.000.000, mató a otro millón, ⅔ de aquellos tres millones de hombres; las bajas de César no eran tan cuantiosas, por supuesto. Conquistó 800 ciudades, fue algo tremendo, en tan sólo 7 años, en las Galias iban cayendo las localidades una a una, en esos tiempos había 60 tribus diferentes, las Galias, aquella provincia considerada la perla del Imperio, las tribus iban siendo sometidas una a una, la marcha de las legiones de César era inexorable, firme y decidida.

 

Los galos empezaron a tomar consciencia de lo que se les venía encima, y entraron en coalición, un buen número de tribus decidió arrasar a Roma, decidió arrasar a César y sus legiones, Vercingetorix, el gran príncipe galo, un hombre alto, barbudo, estilizado, porque los celtas, que eran la población más numerosa en Europa por aquellos entonces, era gente que manejaba muy bien el arte de la guerra, pero también el arte de la escultura, el arte de la cerámica, dicen que las mejores armas eran de los celtas, y dentro de los celtas estaban los galos, dicen que los romanos tomaron el modelo de yelmo y el modelo de cota de malla, los celtas fueron los inventores de la cota de mallas, de los propios celtas, claro que si, los romanos utilizaban esos casos, inconfundibles, pero los primeros que propiciaron aquellos modelos fueron los celtas.

 

Pues los galos estaban determinados a la lucha, y era un buen número, a fe que era un buen número. Antes César había consolidado las fronteras del Rhin, había creado puentes para arrasar a los bárbaros en su propio territorio, había iniciado una campaña en el 56 a.c. contra Britania, con uno de sus famosos desembarcos anfibios, y en el 52 a.c. nos encontramos nos encontramos otro de los años claves, un año clave para Julio. Los galos iban a dar su batalla final, ahora o nunca, Vercingetorix estaba determinado a la victoria, quiso cortar las fuentes de aprovisionamiento de los romanos, arrasando aldeas, pueblos, pero no se conseguía. César sabía que los galos eran demasiados, y no se podía empeñar en una absurda guerra de guerrillas, había que presentar batalla, y el punto era Alesia. En Alesia, la gran ciudad amurallada de los galos, una ciudad a unos 125 metros de altura, una colina empinadísima, infranqueable, muy bien para la defensa, Vercingetorix se refugia con 80.000 de sus hombres, y allí esperan. Vercingetorix pide refuerzos, Julio gracias a sus espías se entera que por el sur se está preparando una gran coalición de galos, 250.000 hombres en armas, 250.000 hombres por el sur, los 80.000 de Vercingetorix por el norte, atrincherados en Alesia, ¿qué hace Julio César? cualquier cuerdo piensa que la huída es lo mejor, lo más oportuno, sus tropas no eran más que 10 legiones, 50.000 hombres, alguno más incorporado posteriormente, aún así somete a sitio a Alesia, y aquí llega la gran obra de ingeniería militar, una batalla que ha sido tratada durante todos los siglos, dicen que la más épica y la más gloriosa para César, la que perduró a lo largo del tiempo. Rodea la ciudad amurallada de Alesia, y la rodea con una suerte de trincheras y fortificaciones, que se extienden a lo largo de diecisiete kilómetros y medio, hay zanjas que llenan de agua, porque desvían el cauce de los ríos, hay otros puntos donde hay fortificaciones, aprovechando la arena que sacaban de las trincheras crearon un muro de tres metros y medio, colocan torres fortificadas con tres alturas, llanuras llenas de pinchos, de trampas mortales con estacas para la caballería. Los galos contemplan estupefactos todo lo que está ocurriendo. Julio va a someter a juicio a aquellos ochenta mil galos; sus tropas ya eran incluso inferiores a las de Vercingetorix, y encima Vercingetorix sabe que vienen los refuerzos. Sin duda está loco, pero Julio comienza otra maniobra brillantísima, y es crear un segundo anillo, otro segundo anillo concéntrico de fortificaciones y defensas, este de mayor extensión, 22 kilómetros y medio. En total, en muy poco tiempo 40 kilómetros de trincheras, fortificaciones, trampas…los romanos quedan entre un anillo y otro. Bien pudiera parecer que están rodeados, que están atrapados, pero César se sabe superior en cuanto a táctica, sabe que sus hombres están mejor preparados, y que pueden resistir, y por otra parte sabe que también ha llegado para él el momento de ahora o nunca, o vence ahora o su historia no tendrá más sentido.

 

Aquí tenemos a las diez legiones apostadas, a lo largo de cuarenta kilómetros de zanjas y fortificaciones, tienen víveres para un mes, pero también Vercingetorix tiene víveres para poco tiempo, y así contemplamos como llega una masa ingente de soldados, una masa ingente de guerreros, son los galos que llegan por el sur. Establecen un campamento a un kilómetro y medio de donde están los romanos, y empiezan todos a tomar posiciones, la batalla más grande que vió la antigüedad está lista, ¿qué ocurrirá, qué pasará?. El primer día de la batalla fue un día típico de combate, los galos desde el sur lanzan una embestida como jamás habían visto los tiempos, prácticamente la disposición de los galos era brutal, de frente y por derecho, los legionarios romanos no tienen ningún problema en aguantar la embestida, la caballería gala cae víctima de las trampas, los caballos son ensartados por las lanzas, miles de galos mueren en ese primer empeño, Vercingetorix anima desde Alesia enviando tropas, pero las fortificaciones romanas del norte también aguantan, un día completos de combates, miles de muertos sobre el campo de batalla, resultado incierto, los romanos han utilizado muchos de sus recursos, pero los galos están extenuados,. El segundo día amanece claro pero nadie toma ninguna actitud, pasan prácticamente todo el día recogiendo cadáveres y heridos. Los romanos están tensos, ¿por qué no atacan los galos? y llega la noche, y los galos adoptan una de sus tácticas favoritas, el ataque nocturno, sobre la medianoche una masa formidable de hombres avanza hacia las fortificaciones del sur de los romanos, con las antorchas los romanos inundan todo el campo, y comienza otra lucha despiadada, César lo contempla todo, yendo en cualquier momento a donde es necesaria su presencia, los legionarios sorprendentemente están aguantando muy bien, Vercingetorix vuelve a enviar soldados desde Alesia, sin ningún resultado; una vez más, otra jornada llena de muertos, todos están a punto de la extenuación, todos están a punto del cansancio y de no poder levantar ni siquiera la espada, y así llega el tercer día. Los galos habían observado que había un punto donde se podía flaquear la defensa romana, una legión o lo que quedaba de ella estaba al frente de ese puesto de mando, y esa noche 60.000 galos avanzan sobre 4.000 romanos, que a duras penas empiezan a aguantar, pero son muchas las bajas entre los romanos, empiezan a reducir las filas, poco a poco la resistencia romana va cediendo, a costa de muchísimas bajas de los galos. Queda un último reducto de romanos, se reúnen en torno a sus águilas de plata, van a caer hasta el último hombre, pero de repente el milagro, la acción decisiva, el momento determinado, un caballo aparece sobre el campo de batalla, un hombre a caballo con una capa púrpura, una capa púrpura y escarlata, es Julio César, que avanza por el campo de batalla con la reserva que había dejado a posta de caballería, los soldados romanos rugen en todas las líneas, la resistencia se redobla, y lanzan sorprendentemente un ataque desesperado, y lo que jamás se debería haber producido se produce, las primeras líneas de los galos empiezan a huir, y lo que empieza como retirada termina como desbandada. Julio César ha sabido actuar en el momento preciso, rápidamente las reservas de los legionarios salen tras los galos, el ataque de los romanos es furibundo. Un legionario atacaba siempre corriendo y de frente, cuando llegaba a 15 metros del enemigo lanzaba sus pilium, y una vez lanzadas las jabalinas mortales, desenvainaba su gladior hispalis y con esa espada corta española pues prácticamente hacía carne picadillo al enemigo. La victoria fue aplastante.

 

Vercingetorix, que ya había sometido a unas pruebas tremendas a la población civil de Alesia, sacándola del recinto amurallado, dejándola morir de inanición, ve con humillación la derrota, miles de hombres sembrados por el campo de batalla, miles de prisioneros que posteriormente serían hechos esclavos, también el propio Vercingetorix fue hecho esclavo y enviado a Roma, donde murió de forma humillante, estrangulado, el momento álgido para Cayo Julio César, había vencido. Un año después toda la Galia era pacificada, las tribus se sometían a Roma. Y así comenzó el momento más floreciente para el Imperio Romano. Julio César, consciente de lo que había ocurrido, después de siete años de interminables batallas, había sometido y había concedido al Imperio su momento de máxima expansión, por el momento, claro.

 

Sus crónicas de las Galias habían sido leídas, comentadas en las plazas públicas de Roma, era el gran héroe, pero tenía enemigos, tenía muchos enemigos, Craso había muerto, y Pompeyo se había proclamado cónsul, le habían proclamado cónsul. La enemistad entre Julio César y Pompeyo se hizo más clara, una vez fallecida Julia, la hija de César, que se había casado con Pompeyo, y llegaba el momento de tomar una decisión, querían eliminar políticamente a César, políticamente y físicamente, todos apoyaban a Pompeyo, o por lo menos buena parte del Senado, de la aristocracia, pero César no estaba dispuesto a dejar pasar así un éxito.

 

En el año 49 a.c. está en la ribera del río Rubicón, sabe que si cruza ese río se proclamará la guerra civil, y habrá miles de muertos. Contaba con sus veteranísimas legiones, no eran muchos, y tampoco les anima a pasar, sólo quiere voluntarios, pero todos responden como un solo hombre, todos siguen a su líder. Emocionado, vadea el Rubicón, y proclama aquello de

 

“Alea jacta est” – “La suerte está echada”

 

Prácticamente toma toda la península itálica sin derramamiento de sangre. Pompeyo se ve obligado a huir. En Farsalia, en la tierra de Grecia, sufre una derrota sin igual. Las tropas de Pompeyo constaban de veteranos y de jóvenes, mientras que César tenía sus veteranos. Después de Grecia, Pompeyo huye a Egipto. En Egipto no es recibido de buen grado, pensando, temiendo a Julio, y en Egipto Ptolomeo Duodécimo y Cleopatra estaban en el poder. Cuando llega César a Egipto persiguiendo a su viejo enemigo, su viejo y amado enemigo, le entregan la cabeza de Pompeyo. César se lleva las manos a la cara, y llora, porque en el fondo era su gran amigo. Aún así somete a castigo a aquellos que osaron cortar la cabeza de Pompeyo.

 

Cleopatra contrae una gran amistad con Julio. Había llegado con tan sólo 2 legiones, pero rápidamente las insidias hacen que todos quieran matarlo, se atrinchera, fortifican el palacio, y aguanta hasta que llegan refuerzos. Ordena quemar la flota, para evitar que utilizaran mal esas naves. Víctima de ese incendio perece la muy querida Biblioteca de Alejandría.

 

En los dos años que estuvo Cayo Julio César en Egipto, pues tuvo tiempo de enamorarse de Cleopatra, era un mujeriego, se casó tres veces, además de Cornelia se casó con Pompeya, lo cierto es que nació un hijo, nació un hijo de aquella relación, llamado Ptolomeo, Ptolomeo César, aunque los egipcios le llamaron Cesarión, el pequeño César. Recordamos aquel paseo en barco por el Nilo, 400 naves escoltando a la nave principal, una nave esmaltada en oro, oro auténtico, un viaje que duró dos meses. El amor de Cleopatra y de César era intenso, pero tenía que seguir combatiendo, había que seguir combatiendo sobretodo a los hijos de Pompeyo, que se habían atrincherado en Hispania. En Monda, lo que hoy conocemos como Montilla, en Córdoba, rindió, sometió a los últimos reductos de los pompeyanos.

 

Había conseguido lo inimaginable, el poder absoluto, ya era el sumo sacerdote de la iglesia romana, ya estaba al frente de tantas y tantas cosas, sólo le faltaba ser el máximo dirigente, y lo consiguió. En el año 45 ya era dictador. Había traído un calendario, un calendario nuevo, gracias al asesoramiento de los astrónomos egipcios, una forma de controlar el tiempo que sería muy útil para Roma.

 

Sus nociones de Derecho también habían ayudado para el aumento, el auge del Imperio Romano, pero seguía teniendo muchísimos enemigos, y llegamos a los idus de marzo del año 44 a.c., el 15 de marzo del año 44 cuando César se dirige al Senado, después de haber proclamado unos juegos increíbles, cuando fue nombrado dictador en el 45, había hecho peleas de leones, de gladiadores a muerte, de ejércitos de criminales y esclavos unos contra otros, batallas navales a escala, pero en el 44, en los idus de marzo, moría víctima de 23 puñaladas, una de ellas era mortal de necesidad, posiblemente la de su querido protegido, Bruto, murió diciendo aquello de

 

“Bruto, ¿tú también hijo mío?”

 

Autor de las campañas más largas y exitosas, pero también de las más breves como la del Ponto, que duró tan sólo 5 días, aquella donde seguramente dijo aquello de

 

“Veni, vidi, vinci” – “Vine, vi y vencí”

 

Julio César, gran estratega, gran general, gran estadista, uno de los personajes claves para entender Roma. Dicen que fue el arquitecto del Imperio Romano, y Augusto, su sobrino-nieto sin duda alguna el constructor. Cayo Julio César, hoy hemos rendido homenaje a su figura en nuestros Pasajes de la Historia, de la Rosa de los Vientos.

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