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Rosalía de Castro

Presentamos la admirable vida de Rosalía de Castro, una de las mejores escritoras españolas que han existido, gallega que amó su tierra y la naturaleza por encima de todas las cosas, y que pese a su trágica vida, siempre tuvo palabras amables, melancólicas y bellas, hoy hablamos de esta maravillosa escritora en los Pasajes de la Historia de Juan Antonio Cebrián.

Podcast sobre Rosalía de Castro

  • Duración: 14 minutos, 11 segundos
  • Tertulianos: Juan Antonio Cebrián
  • Sitios nombrados: Santiago de Compostela, Galicia, Madrid, Vigo, Simancas (Ver mapa de ubicaciones más abajo)
  • Personajes: Rosalía de Castro, María Teresa de Castro (madre), José Martínez Viojo (padre), Francisca Martínez (madrina), Manuel Martínez Murguía (esposo)
  • Época: Siglo XIX
  • Conceptos nombrados en el podcast: ecologista, poeta, escritora, saudade

Libros de Rosalía de Castro

Mapa de ubicaciones sobre Rosalía de Castro

Transcripción del Podcast de Rosalía de Castro (para personas con problemas auditivos)

En nuestros Pasajes de la Historia os proponemos una historia emotiva relacionada con una de las autoras inmortales, universales, para las letras no sólo gallegas, sino las letras con mayúsculas, hoy hablamos, hoy rendimos homenaje, hoy mostramos tributo hacia la gran, inmensa Rosalía de Castro.

 

Una mujer tímida, introvertida, amable, que no buscó más fama que la de la vida cotidiana entre los suyos, una mujer siempre aquejada por las dolencias, por las enfermedades, por la muerte uno tras otro de sus siete vástagos, Rosalía de Castro es sin duda alguna el paradigma de la saudade gallega, aquella que se convirtió en ecologista, pues yo creo que de vanguardia, al denunciar los abusos industriales sobre su querida naturaleza, una profunda amante de la naturaleza, aquella que soportó con dolor las primeras emigraciones, viendo cómo los suyos se iban de Galicia, los echaba de menos, la saudade, la morriña, la nostalgia.

 

Nuestra historia comienza un 24 de febrero de 1837, eran tiempos de desamortización, la Iglesia perdía patrimonio, y los eclesiásticos venían a menos, ese 24 de febrero de 1837 vio la luz del mundo, vio la luz de Santiago de Compostela Rosalía de Castro. Y no llegó a este valle de lágrimas en las mejores condiciones porque fue parida en una casa abandonada, su madre María Teresa de Castro, representante de la típica burguesía campesina gallega, tenía 33 años esta mujer, y había tenido al parecer relaciones sentimentales con un sacerdote, el nombre de este clérigo José Martínez Viojo.

 

Por tanto, la pequeña Rosalía fue inscrita en el registro como nacida de padres incógnitos, nadie quiso asumir, ninguno de sus progenitores quiso asumir por el momento la tutela de esta niña, una niña frágil, quebradiza, pero sí la que se convirtió en su madrina, Francisca Martínez. Estos amores secretos marcaron sin duda alguna los primeros años de infancia de Rosalía, de la pequeña, de la tierna Rosalía. Criada por esta madrina y posteriormente por dos tías paternas, era una niña huidiza, como digo muy tímida, una niña que echaba en falta el afecto de sus padres.

 

A los 10 años, tan sólo a los 10 años, fue por fin reconocida por su madre, Maria Teresa de Castro quiso reconciliarse con esa niña perdida, con esa niña olvidada, y las dos se aferraron a un sentimiento profundo, que las convirtió en cómplices de tantas y tantas historias. Vivieron en Santiago de Compostela, y recuperaron sin duda alguna el tiempo perdido.

 

Rosalía recibió una muy buena instrucción, la verdad es que destacó en las disciplinas de Bellas Artes, por ejemplo en la pintura, en la música, en la declamación, incluso participó en alguna obra teatral infantil y juvenil, el liceo de los jóvenes de Santiago da buena prueba de ello. A los 12 años ya realizó sus primeras composiciones poéticas, y la niña ya apuntaba maneras.

 

Finalmente, llegamos al año de 1856, con 19 años, tan sólo 19 años de edad, y ya desprovista definitivamente del amor de su madre al fallecer esta, pues viaja a Madrid, viaja a Madrid con un libro bajo el brazo, un poemario llamado “La flor”, su primer texto publicado, sus primeros poemas publicados, y en Madrid se le abrió un universo que ni siquiera podía intuir, ni siquiera podía soñar porque ya digo que no ambicionaba fama alguna. Pero en este Madrid decimonónico se movían muchísimos pensadores, críticos, periodistas, y muchos de ellos también eran gallegos, por ejemplo Manuel Martínez Murguía. Murguía se fija en las composiciones de Rosalía de Castro y también se fija en ella como mujer. Primero una amistad, luego algo más que una amistad, y finalmente una propuesta de matrimonio.

 

Rosalía también se había enamorado de Manuel, y este sentimiento se rubricó en la parroquia madrileña de San Ildefonso, el 10 de octubre de 1858. No estaba muy animada a escribir, era un tiempo difícil para las mujeres en ese siglo XIX, ¿y cuándo no, verdad?, pero lo cierto es que era tremendamente complicado abrirse paso en el mundo literario, ya era difícil para un hombre, cuánto más una mujer. Pero es Murguía quien anima a su esposa a seguir escribiendo. Mientras tanto, empieza a llegar la numerosa prole, Alejandra al año siguiente de la boda, y otros seis niños que por desgracia no sobrevivieron a su madre, murieron todos a edad prematura, un sufrimiento, un dolor, un dolor profundísimo para Rosalía.

Rosalía de Castro, una mujer bella por dentro y por fuera

 

Abocada definitivamente a su familia, a la serenidad del hogar familiar, parecía que no había otra cosa para una mujer que no fuera la familia y el hogar, y ella lo asumió, lo asumió con su natural timidez, con su introspección, pero como seguía muy vinculada a sus sentimientos, a su corazón, a su tierra, seguía pensando en Galicia y publicando. “Flavio” llegó, su novela, su segundo título, llegó también “La hija del mar”, una de sus obras más reconocidas, o “Ruinas” o “El caballero de las botas azules”.

 

Son años de calma, son años en los que estas publicaciones van surgiendo, van apareciendo, son años de penurias económicas para la familia, y de trasiego constante por ciudades, Madrid, Vigo, Simancas, ciudad importante para Rosalía de Castro, no en vano en esta localidad va a componer casi todos los poemas, casi todos los versos de una obra imprescindible “Follas Novas” (“Las hojas nuevas”).

 

Esto reactiva la carrera literaria de Rosalía de Castro, acontece en 1880. Seguía muy delicada de salud, muy frágil, era un árbol a punto siempre de caer, a punto de tumbarse, y además, invadida por esa nostalgia, esa melancolía, profunda melancolía al contemplar cómo sus paisanos iniciaban la migración, iniciaban el camino hacia otros lares, hacia otras tierras, llevando siempre Galicia en el corazón, pero es este tiempo comienzan estas emigraciones masivas, 7.000 de esta ciudad, 500-600 de aquel pueblo, 10 o 12 de aquella aldea, ve cómo sus paisanos, la gente que la vio nacer, la gente que la vio crecer se va de Galicia acaso para no volver jamás, y contempla cómo la industria, la revolución industrial comienza a pertrechar las primeras tropelías ecológicas.

 

La naturaleza le dolía mucho, por eso hay que decir que Rosalía de Castro, además de ser la gran autora gallega, es sin duda una abanderada de la saudade, de la nostalgia, de la pena al contemplar lo irremediable. Una fecha clave también en su vida antes de Follas Novas, la tenemos el 17 de mayo de 1863, se publica “Cantares gallegos”. Porque escribía en su lengua madre, también lo hizo en castellano, pero donde se expresaba con rotundidad, donde se convertía en la voz del pueblo gallego era en esa lengua vernácula. Nadie como ella supo expresar el sentimiento gallego. Por eso, el 17 de mayo es el día universal de las letras gallegas. Cantares gallegos no alcanzó la repercusión que precisaba, la repercusión que sin duda alguna merecía, es un opus magnum, un opus magnum de las letras gallegas, pero eso si, no cayó en el olvido, y generación tras generación los gallegos acuñaron ese texto y lo convirtieron en su gran referencia literaria.

Rosalía de Castro posando

 

Además de los poemarios, hubo novelas como ya hemos mencionado, “Flavio” es el ejemplo, y desde luego cuentos, algunos interesantísimos, pero es con “Follas Novas” (“Las hojas nuevas”) cuando yo creo que Rosalía de Castro alcanza su gran dimensión literaria, su gran dimensión como autora, como referencia clara de la literatura gallega. Sus versos son recitados en mil y una escuelas, y lo principal, la gente se siente orgullosa de su autora. En Galicia se sentía ese orgullo especial, saber que uno de los suyos se proyectaba en el mundo, que no todo eran penurias, que no todo eran sinsabores, que no todo eran necesidades, que también había momento para la alegría, para el goce y para el disfrute al leer una composición poética que hablaba de su tierra, de su raíz, de sus profundos sentimientos, la gran portavoz de los gallegos.

 

En un siglo dificilísimo, poco adecuado para una mujer de esa hondura intelectual, y aferrada a la fama cotidiana de su familia, a las desgracias que iban aconteciendo a su alrededor. En 1884 se publica “En las orillas del Sar”, es su obra cumbre en castellano. Por entonces, Rosalía de Castro ya estaba atenazada por el terrible cáncer, un cáncer de útero que la devoró durante tres años, que le provocó una agonía dolorosísima.

Ilustración de Rosalía de Castro

Nos encontramos en julio de 1885, tiene 48 años de edad, todos sus hijos han muerto, se encuentra en su casa de Padrón, en la Coruña, es la casa da matanzas. Tras tres días severísimos, tres días de agonía lo último que pidió en este mundo fue que trajeran un ramito de pensamientos. Seguro que en cada pétalo de esas flores iba un recuerdo, una nostalgia, un sueño. El 15 de julio de 1885 fallecía Rosalía de Castro, lloradísima entre los suyos, y entre todos, por supuesto. Hoy en día, esa casa da matanzas en Padrón es un museo que recuerda el influjo, el cálido recuerdo que dejó en todos nosotros. Ella murió, pero queda para la historia, queda para la gran historia, sus obras, quedan esas obras “Follas novas”, “Cantares gallegos”, “En las orillas del Sar”, “Ruinas”, “El caballero de las botas azules”, “La hija del mar”, “Flavio” o “La flor”. Textos inmortales de imperecedero recuerdo, y el 17 de mayo por supuesto día de las letras gallegas por esta mujer inmensa, tan inmensa como profunda, Rosalía de Castro.

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