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Santiago Ramón y Cajal

Fascinante podcast sobre la vida de Santiago Ramón y Cajal, científico español aragonés que se convirtió en el primero en conseguir un Premio Nóbel de Medicina gracias a sus fabulosos descubrimientos sobre las células nerviosas. Con la candorosa voz de Juan Antonio Cebrian y a través de sus Pasajes de la Historia, conoceremos la vida de este maravilloso personaje, que ha llegado hasta nuestros días. Disfrutemos del relato de su vida.

Podcast sobre Santiago Ramón y Cajal

  • Duración: 21 minutos, 43 segundos
  • Tertulianos: Juan Antonio Cebrián
  • Sitios nombrados: Petilla de Aragón, Zaragoza, Valencia, Madrid, Berlín, Lérida, Cuba (Ver mapa de ubicaciones más abajo)
  • Personajes: Santiago Ramón y Cajal, Don Justo (padre), Silveria Fañanás (mujer), Don Leopoldo O’Donell, Camillo Golgi, Albert Kölliker
  • Época: Siglo XIX – Siglo XX
  • Conceptos nombrados en el podcast: Medicina, cerebelos, Premio Nobel de Medicina, neurona, histología, cerebro, cólera, microscopio, tintar células, división celular

Libros sobre Santiago Ramón y Cajal

Mapa de ubicaciones sobre Santiago Ramón y Cajal

Transcripción del Podcast de Santiago Ramón y Cajal (para personas con problemas auditivos)

Hoy en nuestros Pasajes de la Historia hacemos homenaje a la figura máxima de la ciencia española, a Don Santiago Ramón y Cajal, desde luego sus descubrimientos, aquel que hizo en 1888, cuando dijo que la teoría reticular del cerebro era algo imposible, algo que no, no era factible, y sin embargo la división celular o la estructura de la neurona era por donde se tenía que investigar, por donde se debía avanzar. En ese año 1888 la ciencia española alcanzó el cum laude, alcanzó la máxima nota posible, y todo gracias a Don Santiago, un hombre patriota, un hombre entusiasta, un hombre terco, tenaz, un hombre trabajador, siempre dispuesto a ofrecer lo mejor de si mismo, dispuesto a trabajar 14, 16, 20 horas al día, con el microscopio que fuera, última tecnología o pretérita tecnología, pero Don Santiago desde luego dio muestras de lo que la ciencia española era capaz de hacer cuando la dejan.

 

Nos encontramos en Petilla de Aragón, es el 1 de mayo de 1852. Petilla de Aragón es un pueblo que hoy en día apenas tiene 40 habitantes, es un enclave navarro en el territorio aragonés, el rey Jaime I el Conquistador cedió este territorio, este terruño, a los navarros en ese siglo XIII y allí nació el 1 de mayo de 1852 Don Santiago Ramón y Cajal, y además todo había ver que tampoco es que fuera a prosperar mucho. Su padre si lo había hecho; su padre era hijo de agricultores, Don Justo, y estos no habían podido dar al mozo pues ningún tipo de educación ni ningún tipo de estudios, él se abrió paso a si mismo, él se abrió paso a codazos, y consiguió, siendo primero aprendiz de barbero, pero consiguió estudiar, y consiguió ser médico, médico rural, todo un orgullo, él estaba muy orgulloso de lo conseguido, llegaría a profesor en la Universidad de Zaragoza, y quería para su hijo lo mismo, quería que el pequeño Santiago también fuera médico, médico de pueblo, ¿qué más se podía pedir viniendo de donde venía? Don Santiago llegaría mucho más lejos afortunadamente.

 

Dicen las crónicas, dicen las biografías, que Santiago o Santiagué, como le llamaban, era un mozo muy rudo, muy terco, era un mozo muy obstinado, pero de una inteligencia brillante, de una intuición preclara, Santiagué era rebelde en las aulas, pero lo miraba todo con absoluta curiosidad. Si, en principio iba a ser médico como su padre, pero él soñaba con viajar, él soñaba con la aventura, el soñaba con encontrar nuevas fronteras, con prospectarlas, poco podía imaginar en ese tiempo, en esos años iniciales de su vida, que sería si, un explorador, pero de la mente, de una de las últimas fronteras, la más apasionante, la mente humana.

 

En la escuela era como os digo, algo rebeldón, y su padre, muchas veces enojado, lo sacaba de la escuela, y lo ponía a trabajar, decía “no vales para estudiar, dedícate a trabajar” y lo metió como aprendiz de barbero, igual que él había sido de pequeño, pero Santiagué no estaba por la labor, aunque eso si es cierto, en la barbería donde estuvo como aprendiz aprendió el manejo de la navaja con tal eficacia que años más tarde, en sus investigaciones, utilizaría ese don para manejar perfectamente la navaja de afeitar, para seccionar los cerebelos de pollo, los embriones de pollo dieron muchas satisfacciones a Don Santiago, muchísimas, y pudo cortar, pudo laminar esos cerebelos, gracias a la práctica aprendida en aquella vieja barbería de Aragón.

 

Y así llegamos al año 1860, Santiagué tiene apenas 8 años, y aquí van a ocurrir tres sucesos fundamentales para su vida, tres sucesos que van a orientar definitivamente la vocación de Santiago Ramón y Cajal.

 

El primero de ellos nos sitúa en plena tormenta, Santiagué con sus amigos está en la escuela, hay una tormenta tremenda sobre el pueblo, está lloviendo y el aparato eléctrico es fastuoso, rayos por doquier, truenos y relámpagos, los niños están rezando en la escuela, el sacristán del pueblo se ha subido al campanario y hace tocar las campanas, tañe las campanas, está confiado que el sonido de las campanas ahuyentará la tormenta, los niños rezan, rezan en la escuela, y justo cuando los niños están rezando “señor, líbranos de todo mal”, justo en ese momento un rayo, un rayo tremendo, un rayo que no cesaba, impactó contra el campanario, de tal manera que el campanario quedó hecho añicos y el sacristán pulverizado, quedó carbonizado, el olor a azufre lo cubría todo, los niños tiznados salieron de la escuela, y descubrieron la visión, Santiago Ramón y Cajal lo recordará toda su vida, y eso empezará a provocar dudas, dudas de fe, dudas de religión en Santiago, justo cuando estaban diciendo “señor, líbranos de todo mal” cayó el rayo y mató al sacristán.

 

El segundo de ellos, el fin de la guerra, Don Leopoldo O’Donell, el gran general, había terminado la campaña de África, la de 1859-1860, habían sido 5 meses de incesante guerra contra los musulmanes, contra los rifeños. A esa campaña a España le costó 10.000 hombres, 10.000 soldados que no regresaron jamás a la patria, pero la campaña había sido exitosa, y eso enardeció el ánimo del jovencito, recordaría toda su vida la campaña de O’Donell, dicen que eso le hizo mucho más patriota, le hizo pensar que España debía tener un sitio en el mundo.

 

Y la definitiva fue en julio de ese mismo año, fijaos, tres sucesos, tres episodios, nos encontramos en julio de 1860, Don Justo, el padre de Santiagué, le lleva al campo, ¿por qué? pues porque los científicos, los astrónomos habían anunciado un eclipse de Sol, y lo habían anunciado un día determinado a una hora determinada. El padre, fiel seguidor de la ciencia, llevó a su hijo para contemplar el eclipse, y en efecto, a esa hora el Sol quedó cubierto, desde entonces Santiagué, Santiago Ramón y Cajal, confió en la fe de los hechos, en la fe de los hechos constatados, la ciencia, la ciencia todo lo descubre, pero lo descubre lentamente, el se abonaría a esa teoría, el seguiría con esos postulados, esa sería su nueva religión, la religión científica.

 

Más decidido que nunca, pasan los años e ingresa, ingresa en la Universidad, va a ser médico, efectivamente como su padre. En 1873, con 21 años, recibe la licenciatura de Medicina, ya es médico, pero en aquellos tiempos España tenía que cubrir diferentes conflictos militares, y el periodo de instrucción militar obligatorio era un hecho, por tanto Santiago no rehuye esa condición, va a cumplir con su servicio militar, pero opta, hace oposiciones para ser capitán médico, para incorporarse a filas como médico, ya era licenciado y quería, quería probar fortuna, quería saber cómo era la vida militar. Por entonces, los carlistas hacían de las suyas, España se encontraba en pleno conflicto civil, y por si fuera poco, en Cuba se libraba otra contienda, los independentistas cubanos luchaban en las selvas de Cuba, en los territorios cubanos buscando su añorada independencia.

 

Los primeros meses de militar los pasa en Lérida, allí en esos campos luchan contra los carlistas, y Santiago sirve como capitán médico, pero después pasa a Cuba, muy convencido llega a Cuba, dispuesto, el lo dice después en algunos de sus escritos, el fue a Cuba dispuesto a saber cómo eran los cubanos y sobretodo para ver si podía conocer la vida salvaje, la vida animal, a ver si veía alguna especie exótica. Desgraciadamente, Santiago Ramón y Cajal se encontró con otro tipo de animaladas, el ejército español estaba absolutamente corrompido. Santiago se percata del hecho, incluso en su afán por limpiarlo todo, llega a denunciar a algún mando, a algún oficial, que se apropiaba de las raciones de los soldados españoles para hacer su particular negocio. Esto le supuso más de un disgusto.

 

Vuelve a España angustiado y con paludismo, él no era una excepción. Miles de soldados españoles se quedaron para siempre en la lejana Cuba, dicen los censos que más de 120.000 soldados murieron en Cuba, y él estuvo a punto de hacerlo. Había cumplido con el servicio militar, y regresaba a España en 1875. Tenía algún dinero, algún recurso, y piensa rápidamente en ser catedrático, quiere ser catedrático de Medicina, la anatomía le fascinaba, en tiempos de chiquitín acompañaba a su padre a los cementerios buscando huesos perdidos para su posterior análisis y estudio, si, le motivaba mucho la anatomía, la anatomía patológica, las enfermedades, los microbios, era una constante entonces, había una auténtica efervescencia entonces en Europa por descubrir, por analizar, por encontrar remedios para los males.

 

En 1877 viaja a Madrid, y allí entra en contacto con una gran clase médica, una élite, es cierto, pero eran realmente buenos. Descubre la histología, la histología, el estudio de los tejidos, la estructuración de los tejidos, eso embriaga al joven médico, quiere ser histólogo. Descubre los microscopios, entra en contacto con ellos, por entonces muy vetustos, muy obsoletos, bueno…con pocos aumentos, pero le apasiona, empieza a mirar, quiere microscopios, quiere estudiar, quiere investigar, quiere analizar, y empieza a preparar sus oposiciones para la cátedra, quiere ser catedrático. Lamentablemente la época no era muy propicia para que avanzaran los científicos, había mucho cacique en la Universidad española, y las cátedras casi casi se daban a dedo. Fue un gran escándalo en aquellos tiempos, pero como era terco, como era muy cabezón, Santiago se empeña, se empeña, se empeña y por fín consigue la Cátedra de Medicina en la Universidad de Valencia. Esa fue su primera gran Universidad.

Santiago Ramón y Cajal trabajando en su laboratorio

 

Sería catedrático en Valencia, en Barcelona, y terminaría en Madrid, Santiago Ramón y Cajal, ya era catedrático, estamos en el año 1883. En Valencia sigue realizando sus investigaciones, sus estudios, llega el año de 1885 y la gran epidemia de cólera. En ese tiempo, España cuenta con 17 millones de habitantes. El cólera lo inunda todo, pero hostiga con preferencia a la comunidad levantina, Levante y Cataluña sufren el cólera. El recompuesto rey Alfonso XII incluso visita a los enfermos de cólera, sus asesores desaconsejan esas visitas pero él quiere estar con los enfermos. Santiago Ramón y Cajal lucha, lucha tremendamente contra el cólera. Esos estudios provocan que en Zaragoza le regalen un microscopio, el mejor de la época, un microscopio que le va a poner a la altura de científicos franceses, ingleses y alemanes. Por fin, en 1885 trabaja en las mismas condiciones que sus homólogos europeos. Es un tiempo donde tiene que elegir entre si se dedica a la investigación de los microbios o a la investigación de las células. Desecha la primera opción porque era muy cara. El dijo siempre “investigar los microbios, las bacterias, supone que yo tenga que alimentar, que tenga que cuidar conejos y luego inocularles enfermedades y ver qué pasa, es mucho tiempo. En cambio la investigación celular no me supone tanto esfuerzo porque sólo utilizo embriones de pollo”. Porque estaba decidido a saber cómo era el cerebro. Los embriones de pollo le sirven muchísimo. Antes comentábamos que laminaba perfectamente ese cerebelo y luego lo sometía escrupulosamente al análisis del microscopio.

 

Él había aprendido en Madrid las técnicas de Camillo Golgi. Camillo Golgi había inventado un sistema para tintar células. Él desarrolla también sus propios sistemas, era un gran aficionado al dibujo, y a la fotografía y crea un sistema basado en los nitratos de plata reducidos. Consigue un tintado especial, y empieza a ver cómo se produce la división celular, empieza a ver que el cerebro no es algo compacto, que no es algo reticular, que no es una masa hecha y que casi casi se pierde en el infinito, hay división celular, hay estructura de la neurona. Hace descubrimientos asombrosos, impropios de la época.

Neuronas descubiertas por Santiago Ramón y Cajal

 

En 1888 concreta sus descubrimientos, segmenta la neurona, y hace alarde de lo que ha acontecido, de lo que ha descubierto. Publica incluso, en alguna revista francesa, pero nadie hace caso a esto. Nos encontramos en 1889, Santiago Ramón y Cajal está loco por dar a conocer al mundo todo lo que ha descubierto, quiere decir al mundo que hay división celular, que las neuronas existen, que están estructuradas, que tienen vida propia, y viaja en un vagón de segunda hasta Berlín, allí se está celebrando un congreso médico, y empieza o intenta hablar con las mayores eminencias de aquel momento, pero nadie le hace caso. El finalmente, coloca un microscopio y se fija en una de las mayores lumbreras de Alemania, nos referimos a don Albert Kölliker. Albert Kölliker no quería saber nada de aquel joven impetuoso de 37 años, pero Santiago le coje del brazo, le lleva al microscopio y le dice “mire, mire esto”. Kölliker, al final, atiende el requerimiento del joven español, mira el microscopio, escucha las explicaciones y asombrado le dice “su descubrimiento es maravilloso, pero yo también tengo otro descubrimiento, y lo pienso dar a conocer por toda Alemania, por toda Europa, mi descubrimiento es usted”. Kölliker rendía homenaje a Don Santiago Ramón y Cajal. El propio Kölliker aprendería español para seguir más de cerca sus trabajos, sus investigaciones, esos son los grandes científicos, esos son los grandes, aprendió español sólo para aprender algo más de Don Santiago.

 

Desde ese momento, y con el padrinazgo de Kölliker, su figura empieza a recorrer Europa, todo el mundo habla de ese descubrimiento maravilloso, le invitan a los EEUU, le invitan al Reino Unido, le invitan a Francia, a conferencias magistrales, su figura va en aumento, y en España empiezan también a reconocerle, empiezan a sentirse orgullosos de el más grande científico que haya visto la historia española hasta entonces. Pasan los años y llegan los premios, el Congreso Médico Mundial le entrega el prestigioso premio Moscú en 1900. Nunca jamás un científico español había llegado a tanto. Los desastres del 98 sumen a España en el pesimismo, hay que regenerar, hay que retomar, hay que entrar en una edad de la cultura, una edad de oro para la cultura, la generación del 98 quiere regenerar la sociedad española y Santiago Ramón y Cajal está en esa tesis.

 

España le aclama como gran gloria nacional, como patrimonio de todos, eleva la ciencia española a lo más alto. En 1902 le encargan la dirección del Instituto Cajal de investigaciones biológicas. Por fin un científico español reconocido en su propia patria. Pero el sumum llegó en noviembre de 1906, en ese noviembre de 1906 le conceden el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, compartido con otro de los grandes, Don Camillo Golgi.

Santiago Ramón y Cajal siempre trabajando y estudiando en su laboratorio

 

Gracias a ellos sabemos lo que sabemos del cerebro, fueron los pioneros, los que abrieron la mente a muchos. Santiago Ramón y Cajal, gran aficionado al dibujo, apoyó todas sus investigaciones, todos sus trabajos en magníficos dibujos, dibujos que iban acompañando sus anotaciones, pero también era un aficionado muy grande a la fotografía, pero también a todo lo que supiera a investigación, desarrolló una técnica para mejorar el fonógrafo, si, realmente fue grande. Luego tenía unas costumbres pues muy rigurosas, por ejemplo toda su vida vivió de forma acomodada pero todos los días de su vida dedicó una hora a la tertulia, siempre, una horita con sus compañeros de peña, la peña del café como él decía, todos los días una hora de conversación. Cuando años más tarde, ya octogenario, le preguntaron “¿cómo ha llegado usted a viejo, tan cómodamente?”, “porque yo siempre he dedicado tiempo a la conversación, tiempo a mis amigos”.

 

A lo largo de su vida, a lo largo de su historia, escribió más de 15 trabajos, 15 libros y 300 artículos científicos. Eso era mucho para la época, pero también algunos ensayos, como cuentos de vacaciones, como una autobiografía. Don Santiago Ramón y Cajal, y luego su mujer, Silveria Fañanás, con la que tuvo siete hijos, dos desgraciadamente no le sobrevivieron, uno murió a los 5 años, otro a los 28, pero con esos 5 hijos restantes la verdad es que fue una familia feliz y muy unida.

Familia de Don Santiago Ramón y Cajal

 

Fallecía el 17 de octubre de 1934 y los periódicos lo reflejaron, ha muerto el gran sabio español Don Santiago Ramón y Cajal, nuestro Premio Nóbel de Medicina, nuestro gran explorador de la mente, uno de los adelantados a su tiempo, en años donde ser científico era realmente difícil y más para nuestro país, siempre empeñados en el atraso, en el atraso crónico.

 

Gracias a personajes como él, hoy en día miles de científicos españoles tienen esa vitola de prestigio en todo el mundo, 2.000 de nuestros científicos residen en el extranjero, trabajando porque aquí no encuentran sitio, ni beca, ni sueldo. Y sirva el esfuerzo de nuestro personaje de hoy, en los Pasajes de la Historia de la Rosa de los Vientos, también como homenaje a esos científicos que tuvieron que ir a buscar el pan y la sal a otros lares, pero también como reconocimiento a los científicos que han quedado aquí, en España, investigando y manteniendo los ideales de uno tan loco como ellos, llamado Santiago Ramón y Cajal.

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