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Oscar Wilde

Interesantísimo podcast sobre la vida y obras de Oscar Wilde, personaje que se llamó a sí mismo el rey de la vida, y que por vivir plenamente en una época Victoriana que no le entendió, terminó viajando al exilio, arruinado y solo. Con la candorosa voz de nuestro gran Juan Antonio Cebrian y su Pasaje de la Historia, entraremos en las vivencias de este escritor magnífico. Disfrutemos del podcast sobre la vida de Oscar Wilde.

 

Podcast sobre Oscar Wilde

  • Duración: 33 minutos, 41 segundos
  • Tertulianos: Juan Antonio Cebrián
  • Sitios nombrados: Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos, Gracias, París, Roma, Oxford
  • Personajes: Oscar Wilde, William Wilde (padre), Jane Wilde (madre), Constance Mary Lloyd (esposa), Walt Whitman, Vincent Van Gogh, Balzac, Cyril (hijo), Vyvyan (hijo), Robert Ross (amante), John Gray (amante), Alfred Douglas (amante), marqués de Queensberry (padre de Alfred Douglas), Sebastian Melmoth (pseudónimo de Oscar Wilde), Jim Morrison
  • Época: Victoriana, Siglo XIX
  • Conceptos nombrados en el podcast: Época Victoriana, esteta, dandismo, romanticismo, neopaganismo, “Vera o los nihilistas”, “Ravenna”, “Lady’s World”, “Woman’s World”, “El príncipe feliz y otros cuentos”, “Una casa de granadas”, “La decadencia de la mentira”, “Intenciones”, “El retrato de Dorian Gray”, “El abanico de Lady  Windermere”, “Una mujer sin importancia”, “Un marido ideal”, “La importancia de llamarse Ernesto”, “Balada de la cárcel de Reading”, “De profundis”

Libros de Oscar Wilde

Transcripción del Podcast de Oscar Wilde (para personas con problemas auditivos)

Esta noche os propongo uno de esos relatos emocionantes y emocionados. Es la vida, la obra, los milagros de Oscar Wilde, el que a sí mismo se llamó el rey de la vida, el sumo sacerdote de la decadencia, esa decadencia victoriana, que le abrumó, que le asoló, que le encarceló, que le olvidó, que le forzó al exilio, Oscar Wilde, el profesor de estética, un título que no existía pero que él mismo inventó, porque él inventaba, él era original ante todo, excéntrico, lejos de la vulgaridad, siempre cercano a la lucidez, viviendo permanentemente en esa lucidez.

 

Es la historia de Oscar Wilde, es la historia de la decadencia de un siglo, el XIX, con él murió, aguantó hasta el final del siglo, seguramente curioso por ver lo que le ocurría, por ver lo que le pasaba. Oscar Wilde es sin duda alguna uno de los nuestros, es una de esas personalidades que se escapan a cualquier interpretación, porque él en si mismo era una interpretación. Dicen que su mejor obra de arte fue sin duda alguna él mismo. Esta noche amigos, bienvenidos al universo de Oscar Wilde.

 

¡Qué criticado fue, qué denostado, qué despreciado, qué menospreciado! Efectivamente, tuvo una vida disoluta, siempre viviendo al margen de todo, él mismo se consideraba un marginado. Pero una leyenda negra cayó sobre él, un juicio tremendo y terrible, hizo que durante más de 20 años nadie en el Reino Unido pusiera a sus hijos de nombre Oscar, a tal punto llegó el estremecimiento, por eso es bueno que le demos el homenaje, como ya hace unos años todos lo han reconocido, pero costó, creerme que costó, vamos a recordar, vamos a recrear su historia, por tanto os invito a viajar a la Irlanda del siglo XIX.

 

El 16 de octubre de 1854 nacía Oscar Wilde, en una familia acomodada, una familia irlandesa acomodada, entonces Irlanda no era Irlanda, era Irlanda pero no tenía independencia, pertenecía al Reino Unido. Su padre, un afamado otorrinolaringólogo, y oftalmólogo, y además consejero, asesor de la reina, no es que lo fuera siempre, pero algún día, en alguna ocasión lo fue, y con éxito y por eso siempre se le reconoció, Sir William Wilde.

 

Y su madre, la exquisita, la snob Jane, una feminista de pro, una independentista irlandesa, muy culta, tremendamente culta, que firmaba sus alegatos independentistas y feministas con el pseudónimo de Esperanza. La esperanza que tenía la isla esmeralda, la isla verde, la isla indómita de los celtas. Jane era tremenda, y dicen que Oscar Wilde siempre tuvo como referencia a su madre, su madre revolucionaria, su madre altiva, y extraña también, como fue su hijo, su hijo mediano, porque Oscar Wilde tuvo otros dos hermanos, William el mayor y la pequeñita, la pequeñita que se le fue a los pocos años, el siempre se acordaba de aquella doncella, rizitos de oro, Oscar amó profundamente a la juventud, la juventud le fascinaba, desde todos los puntos de vista, y en ese Dublín de 1854 nació Oscar Wilde, y a esa familia no le iba nada mal, por eso esa familia procuró para sus hijos la mejor educación posible, y pronto los niños fueron a los mejores colegios, el Trinity College de Dublín, vió llegar a un infante, a un tierno infante llamado Oscar.

 

La verdad es que fue un estudiante regular, como todos los genios no? fue un estudiante pésimo en algunas materias, en algunas disciplinas, pero muy avezado, muy instruido y muy curioso por todo lo que supusiera olor a clásico, le encantaba el latín, el griego, y los clásicos, los clásicos, los eternos clásicos…no en vano sería el máximo estandarte del neopaganismo. A Oscar le interesaba Grecia, y todo lo que suponía Grecia. Y en ese ambiente protestante por aquel entonces, va creciendo Oscar, y consigue algún éxito en los estudios, y eso le procura una beca en Oxford, Oxford, el eje cultural del Reino Unido. Oxford era brillante, allí se daban cita los jóvenes de todo el país, los jóvenes que querían prosperar, que querían avanzar, que querían cultivar el intelecto, y en 1874, cuando está a punto de cumplir los 20 años, ingresa en la prestigiosa Universidad de Oxford. Y allí le esperaba el ambiente que él desde luego quería encontrar, aquellos jóvenes que practicaban deporte, aquellos jóvenes que discutían sobre los escritores de la época, aquellos jóvenes que también empezaban a practicar el dandismo, el dandismo una constante en la vida de Oscar Wilde.

 

Entre ellos se ponían motes, pseudónimos, utilizaban pseudónimos, y el que le correspondió a Oscar Wilde fue el de Oski. Fueron unos años intensísimo y brillantes para él, siempre recordará que Oxford supuso el mejor momento de su vida, donde él realmente se encontró a gusto, donde encontró su camino. Un tiempo brillante. En 1876 su padre fallecía, y le dejó una pequeña herencia, y aprovechó esa pequeña herencia para dilapidarla, claro, otra de las constantes en la vida de Oscar Wilde, pero la aprovechó en un viaje cultural, junto a tres compañeros y un viejo profesor suyo, en 1877 marchan rumbo a la eterna Grecia, y por allí se les puede ver, descubriendo Atenas, descubriendo Arcadia, descubriendo aquellas esculturas, aquellos edificios, la historia de Europa, el origen de Europa, y Oscar Wilde queda fascinado por lo que está viendo. Nunca más volverá a Grecia, pero desde luego ese viaje marcará toda su vida.

 

Desgraciadamente para Oscar Wilde finaliza Oxford, se licencia con brillantez, y algunos poemas, poemas que ya empiezan a circular, este chico promete, quiere ser poeta, quiere ser dramaturgo, quiere ser escritor, quiere serlo todo, pero todo lo que se escape a lo convencional, quiere ser ante todo un esteta.

 

La vida es demasiado aburrida, o por lo menos los personajes, los escenarios que hay puestos en ese siglo XIX, y él pretende cambiarlo todo y empieza a intuir su primera obra de teatro, y esa obra tendrá un título, “Vera o los nihilistas”. Estamos ya en la década de los 80 y la obra se va a estrenar, ya empieza a acumular cierto prestigio, el jovencito Oscar Wilde, es un momento de esplendor para él. En 1881 le llega una propuesta, él ya ha publicado con éxito un poema, “Ravenna”, Ravenna aquella antigua capital del Imperio Romano, una capital administrativa del Imperio Romano, la capital del placer decían. Y con su obra de teatro y sus poemas, recibe esa oferta desde los Estados Unidos, Estados Unidos la gran potencia, la emergente potencia, la que va a dominar el mundo, quieren saber quién es Oscar Wilde, y él se coje sus documentos, se coje lo que pueden ser sus conferencias, y el 24 de diciembre de 1881 zarpa rumbo a los EEUU. Allí le están esperando; lo primero que hace nada más poner pie en tierra de los EEUU es decir “Ah, directamente digo que el océano Atlántico me ha decepcionado” claro, es que el fue como profesor de estética, y tenía que dar la nota, porque él había creado una línea estética, su atuendo era muy ostentoso, desde luego la parafernalia ya le rodeaba, él se sabía buen actor, y representaba a la perfección la obra, claro, el escenario no era un teatro, sino el mundo. Se le podía ver con su chaqueta de terciopelo ribeteado, esas calzas, esos calzones cortos de terciopelo, esas medias negras de seda, sus zapatitos de charol con motivos plateados, una enorme corbata verde, muy brillante, muy visible, y una melena que le llegaba a los hombros, era un joven corpulento, un joven inmenso como su madre, unos ojos azules, azules agrisados, no se puede decir que fuera el máximo exponente de la belleza, pero bueno, resultaba atractivo, resultaba por lo menos resultón, y era joven, podía presumir de ello, y se pasea, se pasea por esas calles de los Estados Unidos, y aquellos jóvenes norteamericanos le veían asombrados, estupefactos. Visita a Walt Whitman nada más y nada menos, uno de los grandes poetas de los EEUU, y al parecer mantienen una reunión muy cordial, “Vera o los nihilistas” se estrena y se estrena con éxito, los estadounidenses es que lo contemplaban todo con estupor, pensaban que aquel hombre no era de este mundo, pero inician una serie de relaciones que incluso le provocan un adelanto de 1.000$ para una futura obra de teatro, será “La duquesa de Padua”.

 

Pero bueno, durante el año 1882 Oscar Wilde recorre buena parte de los Estados Unidos, y la verdad es que ese país no le interesa nada, se interesa por la situación de los irlandeses, también por la situación de los negros, porque hay que decir que Oscar Wilde era un tipo comprometido, comprometido con su tiempo, decían que era banal, pero no, en el fondo era progresista, quería que su mundo avanzara, que el mundo se escapara de la vulgaridad, todo era tan vulgar, todo era tan gris, pero ya manda una carta a uno de sus amigos diciendo “estoy deseando irme de los EEUU, quiero pasar el otoño en Roma, quiero pasar el invierno en Grecia y la primavera por supuesto en París”. Porque París fue muy importante en la vida de Oscar Wilde, como ahora veremos.

 

Ese París de Vincent Van Gogh, ese París de Oscar Wilde, ese París de tantos y tantos genios, la ciudad de la luz, y hacia París va, después de su periplo americano ha conseguido algún dinerete y por supuesto está dispuesto a gastarlo, como siempre al borde de la ruina. Y en París quiere inspirarse en Balzac, Balzac fue el gran inspirador, el gran estimulador para Oscar Wilde, y en ese año 83 pasea por las calles de París, ve una estatua de Nerón, una imagen de Nerón y recorta su pelo, se lo pone anenorado, como dice él, pero se queda sin dinero, vuelve a estar arruinado y tiene que empezar a tomar decisiones, esa vida disoluta, esa vida llena de estipendios, y de fiesta, de juergas llenas de bacanal, tiene que cambiar porque sino un chaval con 29 años no va a aguantar mucho más. Así que es el momento para el amor, regresa al Reino Unido, y está dispuesto a hacer un máximo esfuerzo, es decir, está dispuesto a trabajar, si, va a trabajar, va a intentar reorientar su vida, y bueno aunque no le gusta está dispuesto a madrugar y a vivir como cualquier burgués de la época, no se si le va a durar mucho, no sabemos si le va a durar mucho pero por lo menos lo va a intentar. En 1881 había conocido a una jovencita hermosísima, su nombre era Constance Mary Lloyd. Constance era muy guapa, ojos violáceos, era alta, bien contorneada, culta, inteligente, conocedora de las lenguas itálicas, y enseguida traba amistad con el original Wilde, y los dos se enamoran, hay que decirlo, se enamoran profundamente, Oscar le envía unas cartas exquisitas, románticas, románticas hasta el delirio, convence, convence a Constance, y se casan.

 

Es el año de 1884, Oscar tiene 29 años, está a punto de cumplir los 30, y se casa con Constance que era tres años más joven que él, y la joven pareja está dispuesta a iniciar una relación que en principio ellos preveían muy muy muy amorosa, muy profunda, luego como ya sabemos eso se tornó en tragedia, casi tragedia griega, y empieza a trabajar como periodista, aquí tenemos el tiempo, el periodo más asentado para Oscar Wilde, es un periodo que va a durar unos 5 años, pero aquí le vemos trabajando, escribiendo, elaborando críticas para diferentes publicaciones, y empieza a ganar buen dinero, porque escribía como los ángeles. Todos quieren contar con Oscar Wilde, y Wilde se empieza a hacer sus primeros enemigos, porque claro, su gusto, su exquisitez, su forma de ver la estética de la vida no había pasado desapercibida por alguno de los ortodoxos de la época, que empiezan a criticarle, empiezan a reírse de él, le llaman ya de todo, pero bueno, Oscar Wilde como siempre va a llevar la contraria a todo el mundo, y quiere que su relación con Constance sea una relación estupenda. En 1885, el 6 de junio, nace su primer hijo Cyril. Cyril será el hijo privilegiado, el hijo escogido, el favorito para los dos, un año más tarde llegará Vyvyan. Vyvyan fue el que peor lo pasó de los dos hijos de Oscar Wilde, luego averiguaremos por qué.

 

Y los dos niños al principio iban a crecer felices, a no ser por la tragedia que luego llegaría. En 1887 a Oscar Wilde le llega una propuesta de ascenso de trabajo, hay una publicación femenina que se llama “Lady’s World”, que le propone ser el director de esa publicación, quieren que sea su director. Oscar Wilde dice que si, evidentemente de escribir para un periódico a dirigirlo hay un trecho, un trecho estupendo, y quiere ser el director de esa publicación, pero no le gusta el título, no le gusta el nombre de la revista, si, una revista para mujeres si, pero que no se llame “Lady’s World” no, es mejor que se llame “Woman’s World”, el mundo de las mujeres, es más democrático, más aperturista y desde luego es un éxito, ya se puede ver en noviembre de ese año la portada y en la dirección, en el staff aparece Oscar Wilde como director. Introduce innovaciones, la revista se vende muchísimo, y durante dos años la verdad es que la situación económica de Oscar Wilde se puede considerar como floreciente, floreciente y muy muy abundante.

 

Son años estupendos para la familia Wilde, y además empiezan a llegar sus primeras publicaciones, había publicado algunos cuentos, que los recopila, los reúne bajo un título “El príncipe feliz y otros cuentos”. ¿Os acordáis de la historia del príncipe feliz? esa estatua con ojos de piedra preciosa, y esa golondrina que venía a visitar y esa nieve, y ese romanticismo y esa unión entre esas dos almas, la estatua del príncipe feliz y la golondrina que le visitaba. Son cuentos con moraleja, son cuentos como siempre exquisitos, son los cuentos de Oscar Wilde, es el primer libro de cuentos. Llegaría otro, “Una casa de granadas”, es una maravilla. Sus ensayos también, por supuesto, estaba preparando un libro de ensayos, recopilando los que ya había publicado, aquí nos podemos encontrar ensayos que se pueden considerar magistrales, “La decadencia de la mentira”, ese se considera como magno, o también “El crítico artista”, esos se recopilan en su libro “Intenciones”. Es un libro fundamental, si queremos conocer a Oscar Wilde, ahí nos cuenta, ahí nos da su visión sobre la vida. ¡Ay, qué maravilla! ¡qué maravilla!, se está preparando su primera y única novela, estamos finalizando la década de los 80, y Oscar Wilde también conoce su orientación sexual, siempre la había intuido, pero ese año, Robert Ross le orienta, sobre su auténtica vocación, su auténtica vocación sexual, si efectivamente Oscar Wilde era homosexual, y Robert Ross se lo demuestra. Constance lo intuye, pero no quiere saber nada, quiere obviar lo inevitable, quiere evitar lo que está ocurriendo.

 

En 1889 el matrimonio se ha distanciado, incluso se habla ya de separación auténtica, ya no volverá a ser nada lo mismo, Constance está muy decepcionada con la actitud de Oscar Wilde. Aún y así no le abandona. Robert Ross es el primero de una larga lista de amantes, aunque bueno, podemos considerar como tres los amantes oficiales, podríamos hablar de Robert Ross, podríamos hablar del poeta John Gray, y por supuesto Lord Alfred Douglas, del que hablaremos ahora mismo.

 

En 1890, como os decía, publica “El retrato de Dorian Gray”, y lo publica en principio con 13 capítulos, en una revista, pero el éxito es tan abrumador, el éxito es tal, no olvidemos que Wilde es ya un autor de prestigio, reconocido, elogiado y aplaudido, pues el éxito es tal que Oscar Wilde decide añadir siete capítulos más y publicarlo en forma de novela, todos aplauden, todos están convencidos, el genio está entre ellos, Oscar Wilde, y por si fuera poco, tan excéntrico, tan original, en 1891 “El retrato de Dorian Gray” se publica como novela, un canto a la juventud, esa juventud que siempre le fascinó, dicen…bueno, comentaban, que “El retrato de Dorian Gray” se había inspirado en la figura de John Gray, un jovencito de 22 años, un incipiente poeta, que bueno, había motivado que Oscar Wilde le escribiera esa obra, pero parece que no. Hombre, hay cierta similitud, el apellido y también que Oscar Wilde llamaba a John le llamaba Dorian, pero bueno, parece que no.

 

La novela es estupenda, estupenda y abrumadora, aterradora en el final, que por supuesto ya conocéis, y sino pues leedla, leedla porque es fantástica. Es la única novela de Oscar Wilde. Pero también había pensado en el teatro, por supuesto, y estaba preparando sus comedias. Hasta entonces había publicado los textos de dos dramas, y las comedias iban a ser también fantásticas, cuatro comedias. Bueno, pues ahí tenemos “El abanico de Lady  Windermere”, también tenemos “Una mujer sin importancia”, “Un marido ideal”, y “La importancia de llamarse Ernesto”. Es el periodo más resplandeciente, más descollante para él, y lo podemos situar en ese lustro del periodo de los 90, entre 1891 y 1895.

 

Aclamado por todos, rico y pobre, pobre y rico, una vida ya completamente dejada, dejada a sus más mórbidos instintos, si, apartamentos, hoteles, nada escapaba al dinero ni a lo que quería hacer Oscar Wilde, y se acompaña de jovencitos, jovencitos de los barrios obreros de Londres, y todos murmuran, todos comentan, todos quieren saber acerca de la doble vida que lleva, porque si, llevaba una doble vida, aunque él hacía todo lo posible porque no fuera doble, porque todo el mundo lo supiera, era como una especie de reto que él lanzaba constantemente a la sociedad londinense, a la ancladísima sociedad londinense, esa sociedad victoriana, y un día tomando el té en casa de un amigo, conoce a Alfred Douglas. Efectivamente, el gran amor, la gran pasión de Oscar Wilde, 16 años de diferencia, él tenía 36 y Alfred tenía tan sólo 20. En principio se conocieron, se gustaron, se trataron, y empezaron a intimar, pero en 1891, coincidiendo con la publicación de la novel “El retrato de Dorian Gray”, y de algunas obras más, la pasión ya es irrefrenable, los dos se lanzan al amor, buscando el amor, a escondidas, en público, ya pues yo creo que no se podía ocultar, y empieza el escándalo, empiezan a murmurar, ya todo se sabe.

 

A todo esto, Constance, su mujer, está muy apesadumbrada, está muy triste, muy dolida con la actitud de su marido, aunque bien es cierto que en una ocasión, Constance Mary Lloyd llegó a afirmar que Alfred Douglas era, de todos los amiguitos de Oscar, era su preferido. Alfred era muy guapo, era rubio con los ojos azules, y de cuerpo perfecto, era un niño bien de la época, le llamaban boussy, boussy es más o menos un diminutivo afrancesado que viene a decir muchachito, a él le encantaba que le llamaran así, boussy, muchachito, y Oscar estaba encantado con boussy, le mimaba, le cuidaba, le dedicaba poesías, cartas de amor encendidísimas, se hacían regalos el uno al otro, por entonces Oscar Wilde distaba mucho de aquel joven corpulento de unos años atrás. Seguía siendo enorme, pero ya orondo, bastante obeso, comilón, bebedor, muy bebedor, fumador, tremendamente fumador, en sus manos pesadas, pero no pesadas por el peso sino por los anillos, era muy excéntrico como ya os he dicho, en fin, que la desmesura se había apropiado de su cuerpo.

 

Pero la pasión sigue entre los dos, dicen que a Boussy nunca le gustó físicamente Oscar Wilde pero si siempre le estimuló el genio, su lucidez, se necesitaban el uno al otro, eran indispensables, eran complementos perfectos. Oscar tenía su alter-ego en Boussy. Se puede hablar de tres etapas en la relación entre Alfred y Oscar, la primera nos llevaría hasta 1893, cuando debido al escándalo le sugieren a Alfred que busque sitio en la diplomacia y así siguiendo ese consejo viaja a El Cairo, después a Turquía, pero bueno, se necesitan, y Alfred regresa, se cuenta que un abrazo muy tierno entre los dos reanudó la relación.

 

El padre de Boussy estaba realmente negro, y estaba dispuesto a montar el escándalo, un buen día estaban en el club, disfrutando de un té, y llegó una carta, la carta la enviaba el marqués de Queensberry. El marqués de Queensberry era el padre de Boussy, y en la carta se podía leer muy claro, “Al sodomita de Oscar Wilde”. Oscar se puso muy nervioso, muy tenso, y cuentan que Alfred, que siempre estaba enfadado, crispado con su padre, le animó a la denuncia. Fijáos de qué momento estamos hablando, estaba a punto de estrenarse “La importancia de llamarse Ernesto”, con un éxito total, y esa obra se estrenó, y Oscar Wilde, que podía haber recogido las mieles del triunfo, haber seguido experimentando con el triunfo, con la vida, queda abocado a la locura, la vorágine de los juicios, y denuncia al padre de Alfred. Tres juicios, primero como denunciador y otros dos como denunciado, y todos se vuelven en contra, todos dan de lado a Oscar Wilde, le juzgan por sodomita, le juzgan por homosexual, le juzgan por estar al margen de la sociedad, y aprovechan para achacarle todos los excesos que había mantenido hasta entonces. Oscar no da crédito a lo que está ocurriendo, esa situación se está volviendo contra él, todos se están declarando contra él. El no quiere, aunque muchos le insisten en que declare Alfred Douglas, él no quiere que Alfred vaya a los juicios, y así, en mayo de 1895, la desgracia cae sobre Oscar Wilde, y es condenado a dos años de trabajos forzados, es condenado por gay, es condenado por homosexual, es terrible; él no único que quiso decir es que la juventud le fascinaba, nadie entendió el mensaje de Oscar Wilde, nadie quiso entenderlo, y comienza la cárcel, comienza el presidio, una cárcel que va a acabar con el alma, el espíritu, con la intención de Oscar Wilde.

 

Está hundido, realmente hundido, el genio de la estética, el genio del glamour, aquel que había sido el máximo dandy del Reino Unido, se encontraba en esas cárceles de Dickens, él había criticado a Dickens, a Charles Dickens, pero ahora se topaba con la realidad, planteada por Dickens unos años antes, eran tal y como las había descrito, celdas oscuras, sólo le permitían salir una hora al día, y mientras tanto los trabajos forzados consistían en desatar sogas, esas sogas lo que le procuraban era un dolor tremendo en sus manos, le malgastaron los dedos, el dolor se había apropiado de él, antes la desmesura, ahora el dolor, ¿qué ocurriría con el pobre de Oscar Wilde? una cárcel tras otra, hasta tres, por fin dió con sus huesos en la cárcel de Reading. Su momento de esplendor Oxford, su momento de hundimiento, su infierno particular lo encontró en las celdas frías de Reading. Allí concibió una de sus obras, “Balada de la cárcel de Reading”. No le perdonaron ni un sólo día, dos años. Al cumplirse esos dos años le soltaron, pero ya nunca volvería a ser el mismo, su mujer Constance había huído, la vergüenza era tal que incluso cambió su apellido, también le cambió el apellido a sus hijos, sus hijos ya no le volvieron a ver más, sus hijos fueron internados en Suiza. Oscar Wilde estaba solo, no le quedaba nadie, no le quedaba nada. En Reading había también gestado una carta de reproche a Alfred Douglas, Alfred le había abandonado, “De profundis” una obra inmortal, donde le reprocha todo, le acusa de todo. Oscar le dió cariño, le dió amor, le dió su alma, Alfred Douglas le respondió con frialdad, la belleza fría, la belleza de una estatua, una estatua de bronce.

 

Oscar, desolado, se va del Reino Unido, nadie le quiere allí, y busca en su eterno París, y allí encuentra, y al final, a pesar de todo, se vuelve a reencontrar con Alfred Douglas, se necesitaban, claro que sí, y los dos viajan, viajan a Italia, viajan a Argelia, pero ya todo estaba perdido, todo se había desbocado, arruinado hasta límites insospechados, aquel que había dicho “el viejo lo cree todo, el maduro lo sospecha todo, pero amigos, el joven, el joven lo sabe todo”. El ya no era joven, él ya no sabía nada, no sabía siquiera si sospechaba o si creía, eran los momentos finales para Oscar Wilde, arruinado, deambula con un pseudónimo para que nadie le reconozca, Sebastian Melmoth, ese es su último nombre.

 

Dicen que la sífilis, posiblemente no fue esa la causa, posiblemente fue una otitis aguda, una tremenda otitis aguda, fijáos que su padre había sido otorrinolaringólogo, pues una otitis aguda que desembocó en meningitis la que dió al traste con la vida de Oscar Wilde. Era el 30 de noviembre del año 1900, tenía 46 años. Antes de morir acertó a pedir champán, champán francés del mejor, cuando le pasaron la facturo dijo siempre en su ironía “dios mío, me muero por encima de mis posibilidades” y es que siempre había vivido por encima de sus posibilidades, pero no en lo intelectual, la que no estuvo a la altura de sus posibilidades fue la sociedad que le rodeó, la bruma de Londres, y la bruma de la sociedad victoriana, Oscar Wilde, el eterno Wilde, con sus obras nos alejamos, dejándolo ahí en ese cementerio de París, donde yace al lado de Jim Morrison, otro poeta, el poeta del rock, ahí están los dos, cubiertos de lirios y de girasoles, porque debéis saber que los lirios y los girasoles de Van Gogh eran las flores que habían adoptado los decadentes, porque él era el sumo sacerdote de los decadentes.

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